Una historia que recordar para el Día de la Madre

“Los hijos de parecen más a la madre que al padre”, dijo un día mi esposa, mientras ministraba a una congregación. Es una gran verdad; la influencia de una madre en los hijos es incomparablemente mayor a cualquier otra: está más tiempo con ellos. Más allá de esto su apego físico les transmite sentimientos. En lo espiritual ellas oran por sus hijos con un nivel de carga que no tiene paralelo. Finalmente, hacia sus pequeños ellas emanan a diario las bendiciones más sinceras, esas que no vienen de los labios, sino del corazón.

El niño Thomas Alva Edison (1847-1931), fue expulsado de la escuela por irremediable retraso en el aprendizaje. Tardaría muchos años el pequeño en saberlo. Su madre le ocultó mientras vivió el contenido de la carta escolar emitida por la maestra, donde así lo documentaba. Ella murió cuando Edison tenía 24 años, y estaba lejos de ser todavía aquel que fue… En aquel penoso contexto Nancy Edison asumió la educación e instrucción de su hijo. Este es el pivote desde el que Thomas Alva Edison cambiaría la historia de los Estados Unidos y el mundo. The History Channel se hizo eco de esta conmovedora historia con un cortometraje dramatizado que alcanzó, en menos de dos semanas, los dos millones de reproducciones (1).

Fue bajo la inercia lograda por la instrucción materna que Tomás A. Edison patentó dos mil inventos. El mundo le debe el fonógrafo, precursor de la grabadora; el telégrafo cuádruplex, el micrófono de carbón, la batería de níquel-hierro, el vehículo eléctrico, el quinetoscopio, precursor del cinematógrafo, entre otros muchos, fueron revoluciones tecnológicas devenidas de su genio creador. Todos le debemos el mimeógrafo, el dictáfono, la bombilla eléctrica y el sistema de distribución eléctrica (2). Para siempre, detrás de cada bombillo que se encienda en la más oscura noche, estará la huella de aquel desechado escolar, a quien instruyó y educó su madre.

El portal de Thomas A. Edison en el National History Parks, que tiene a su cargo la conservación de mucho archivo documental del inventor, recoge entre las memorias del genio, una sobrecogedora confesión; él escribió: “Mi madre fue la que me hizo como soy. Fue tan leal, estaba tan segura de mí, que yo sentía que tenía un motivo para vivir, alguien a quien no decepcionar”. En la Universidad de Rutgers, en los archivos Edison Papers Project, aparece una cita de Edison acerca de su madre, en que se lee: “Me enseñó a leer buenos libros de forma rápida y correcta, lo que me abrió al mundo de la literatura. Siempre le estaré agradecido por esta formación temprana” (1).

En 1865, el poeta norteamericano William Ross Wallace (1919-1881), escribió el poema con el que pasaría a la posteridad. En cada estrofa repite, al terminar, palabras con la que hizo justicia al papel de una madre en el mundo: “…la mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo” (3) (4).

Muchas felicidades a cada mujer en quien Dios colocó el don de traer vida al mundo. Hagan suyas en este día las incomparables palabras nacidas en el corazón de Dios y dejadas por la pluma inspirada en los Proverbios bíblicos, cáps. 31: 28- 30, donde se lee:

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;

Y su marido también la alaba: 

Muchas mujeres hicieron el bien; 

Mas tú sobrepasas a todas. 

Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; 

La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.

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