¿Qué hacen los Guerreros cuando los perros ladran?

Uno de los lugares favoritos de mi ciudad es el área cercana a la bahía. Hoy pude caminar y disfrutar la vista del mar y el aire costero .Creo que hay una conexión entre el mar y el alma. Es un contraste; la paz que produce el ambiente marino, a lo peligroso que puede resultar sus profundidades y momentos  turbulentos. Y de alguna manera así es la vida; siempre sus aguas no son apacibles, a veces se vuelven violentas y peligrosas, pero no he visto tormenta que dure toda una vida, y la calma seguro llegará.

Hay en la vida más quietud que tempestad, aunque parezca lo contrario. La clave para perder la “idea” de que la vida toda es turbulencia, está en tener paz interior. Hay algo de cierto en una frase que leí esta semana: “Nunca llegarás a tu destino si te detienes a arrojar piedras a cada perro que te ladre”. Nuestra vida no se puede convertir en una guerra con la gente; tú tienes un destino, y si estás claro adónde vas, convertirás los “ladridos” de la vida y la gente, en una melodía de acompañamiento y no un estorbo  en tu peregrinaje.

En una de las escenas de  la obra de Cervantes; El Quijote de la mancha,  Sancho, el escudero del Quijote estaba muy preocupado por unos perros que le salieron al camino, y no dejaban de ladrar y perseguir, el Hidalgo le dijo a su fiel amigo: “No te preocupes Sancho, los perros sólo ladran a los que no conocen”. Si andamos  en limpia conciencia delante de Dios, sabemos adónde vamos y  tratamos de agradar a Dios y no a los hombres, no se preocupe, que aún los más fuertes ladridos se convertirán en vientos que nos aventarán al lugar que Dios quiere llevarte.

El Rey David era conforme al corazón de Dios. Aún así no dejó de tener tormentas severas en su vida, todas ellas le llevaban a un encuentro más íntimo con Dios.  Los Salmos de David, son una alabanza y confianza en Dios aún en los momentos de valle de sombra de muerte.

 Una de las mayores pruebas de David fue huir de su propio hijo Absalón, que lo traicionó, por la codicia del reino. David pudo haber enfrentado a su hijo y tener una victoria segura, pero decidió marcharse momentáneamente. Esto puede parecer una derrota, pero era un desfile  a la victoria, no de Absalón, sino la victoria de dejar que Dios haga su voluntad. Marcharse no siempre es sinónimo de pérdida, a veces retirarse  es lo más sabio que podemos hacer. Si te has retirado por causa de Dios, Él te restaurará, no adonde tú quieres, sino a su plan, puede ser al mismo lugar, o a otro que él tiene preparado para ti (Que siempre será mejor).

No te detengas en la vida. A partir de  2 Samuel  15-20, aparecen varios personajes que David tuvo que enfrentar en uno de sus momentos más difíciles, ninguno de ellos logró sus propósitos. En el camino habrá gente que te animará, como Itai , hombre fiel que decidió seguir a David cuando huía. Los hay cómo Ahitofel , que traicionó a David con su hijo Absalón. Los hay como Husai , que estaba con  los enemigos de David , pero era su  mejor aliado, no juzgue a toda persona, hay gente que parece tu enemigo , pero no lo es. Te encontrarás gente como Siba , el criado embustero , que hará cualquier cosa para alagarte, y por la espalda te desea lo peor. Y los hay cómo Simei, que esperan tu momento más malo para lanzar las piedras y tratar de acabarte. Pero tú, sé valiente como David, él tenía la promesa de un reino y nadie la podía arrebatar de su mano.

Cuando Simei le arrojaba las piedras en el camino, y maldecía a David, los siervos pidieron acabar con la injuria y matarlo, pero David dijo; Dejadle: “Quizás mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy” (2 Samuel 16:12).

Quizás hoy, Dios esté convirtiendo las “piedras” y maldiciones en provecho para tu vida ¿Acaso los perros no ladran  a los que no conocen?, y si ladran, es una señal que hay un guerrero  en el camino… ese guerrero eres tú.

                                                                               Por Alexei Rico Dan

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