¿Padece usted de fatiga de compasión?

Leía sobre el tiroteo masivo en Florida, cada vez es más común estos hechos horribles. No existe lugar seguro. Cada día se ha convertido en una verdadera faena de supervivencia. Llegar a casa en la tarde es como regresar de un campo de batalla, algunas veces victorioso, en otras el consuelo es salir ilesos. Estos días son considerados en la Biblia como principios de dolores. La maldad se ha multiplicado y así seguirá ocurriendo. No importa que usted tome todas las medidas de precaución; este mundo es inseguro.

Este mundo es y será inseguro, nuestra seguridad está en el Dios de este mundo

Una de las características de este tiempo, es lo que algunos le han denominado; “Fatiga de compasión”. Las noticias de actos horrendos como los de Florida en días pasados ya son como noticias normales para muchos, y pasa como una noticia política, social o de otra índole. Hace algunos meses leí una noticia de unos jóvenes que filmaron a otro joven ahogándose en un lago, ellos no hicieron el más mínimo esfuerzo para salvar de la muerte a su compañero, lo esencial para ellos era tener algo interesante que publicar en las redes sociales. También un padre hace ya algún tiempo sostenía a su hijo de dos años en el balcón de su casa, y amenazaba en tirarlo de una gran altura si no conseguía muchos likes en su cuenta de Facebook.

Estamos tan acostumbrados a convivir con la maldad que a veces también padecemos de esa “fatiga de compasión”. A mi Iglesia regularmente personas vienen a pedir dinero para sus necesidades, muchas de esas necesidades expresadas son falsas, pues su objetivo es satisfacer una adicción. En una ocasión alguien vino pidiendo dinero para un familiar internado en el hospital, no me pareció muy sincero, pero no quería pasar por alto una oportunidad de ayudar, así que le dije a la persona que yo lo acompañaría al hospital para orar y ver de cerca su necesidad; pero la reacción fue inesperada; él dijo que seguiría su camino por algunas “urgencias” que se había acordado en ese mismo momento y que después vendría, pero esto no ocurrió. Casos como estos se repiten a diario, y corremos el riesgo de negarnos a la compasión por el aumento del engaño y maldad. Nuestro reto es clamar a Dios por discernimiento y sabiduría para poder seguir siendo de bendición, y que la maldad cotidiana no cierre nuestro corazón al servicio a Dios.

El ambiente de maldad y perversidad de estos tiempos, podrá cerrar el corazón de mucha gente, pero esto no puede ocurrir con el cristiano que está llamado a brillar en un mundo de oscuridad.

La Biblia nos declara que en estos tiempos el amor de muchos se enfriará (Mateo 24:12) ¿No será esto lo que ya hoy conocemos como fatiga de compasión? Creo que el gran peligro de hoy no son los misiles de Corea del Norte, ni los actos horrendos de Isis, ni el cambio climático; el peor peligro es que seamos insensibles a la necesidad de un mundo en crisis.

¿Qué hacer frente a la maldad multiplicada?

No se conforme a este siglo, pida a Dios que su amor no se enfríe frente a tanta maldad. La mejor manera de sobrevivir en este mundo es no dejar que la llama del amor de Dios se apague en nuestra vida. Pida a Dios hoy que le use para tener la posibilidad de mostrar su amor. Alguien necesitará de usted hoy. Cada persona que hoy le mostremos el amor de Dios será un pedazo de muro blindado frente a la maldad cotidiana.

Pida a Dios sabiduría y discerniendo a la hora de ayudar. No siempre es el dinero lo que la gente necesita, ¡necesitan a Jesús! Hay muchas formas de ayudar, no es sólo el dinero.

Cada vez que oiga de actos horrendos como lo que aconteció esta semana en Florida, ore, pero no sólo por las víctimas, sino por nuestra propia vida, pues el día que padezcamos la “fatiga de compasión”, hemos muerto del más vil atentado, seremos como “cadáveres” errantes de la vida.

No os turbéis (Mateo 24:6)… Hoy también Jesús nos dice frente a estos últimos tiempos que vivimos. No podemos turbarnos de tal manera que perdamos lo que todavía añade sentido a esta vida; El amor de Dios.

Necesitamos la compasión de Cristo hoy. Nunca debemos permitir que un tiroteo en la escuela o cualquier otra tragedia endurezcan nuestros corazones a los que sufren. Cuanto más oscura es la habitación, más urgente es la luz. El cuerpo de Cristo nunca ha sido más relevante o más necesario que hoy.

Que como aumenta la maldad, aumente el amor de Dios en nuestra vida. Asumamos ese desafío hoy. Seamos el remanente fiel que no enfría lo que Dios le ha confiado; Su amor.

No Nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. (Gálatas 6:9)

¿Asume el reto hoy?

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