El pararrayos humano

Parece una novela de ficción la historia de Roy Cleveland Sullivan (“El pararrayos humano”). Sullivan fue un guardabosque estadounidense. Según los registros, siete rayos impactaron su cuerpo y de todos sobrevivió. Su nombre aún consta en los Guinness World Records, un record hasta ahora difícil de superar. Hay historias circulando que parecen desafiar esta hazaña, pero todas sin comprobar.
Realmente es un misterio lo que pasaba con Roy, era como que estaba destinado a absorber la furia de la naturaleza y poder sobrevivir, una especie de superhombre. Según el diario The Washington Post, Sullivan especuló en una entrevista que “algún químico, algún mineral” en su cuerpo lo hacía muy susceptible a los rayos. “Tengo la sensación”, agregó, que “un día me golpearán de nuevo”.
Pero lo que terminó con la vida de Roy no fueron los rayos, fue él mismo. Roy se suicidó poniéndose una pistola en su cabeza. El 28 de septiembre de 1983, acostado en la cama junto a su esposa, colocó un revólver contra su oreja derecha y apretó el gatillo.
Esto nos deja ver que en la vida los grandes peligros no son externos sino internos, allí en nuestro espíritu y alma. El mismo Roy había desafiado las fuerzas de la naturaleza, no sólo de los rayos, también en muchas ocasiones se había enfrentado a animales salvajes. Somos capaces de desafiar las fuerzas de la vida, pero somos vulnerables a nuestro yo.
Leyendo la historia de Sullivan, a mi mente llegaba la escena de un filme que vi recientemente. En esta película se relata la vida de Martín Lutero, un monje católico que decidió desafiar el poder de la Iglesia Católica, enfrentándose con la verdad de las Escrituras. Según la historia, una serie de rayos amenazaron la vida de Martín, en ese instante de desesperación, acudió a Dios y en frases entrecortadas le dijo al Creador: ¨Si de esta me salvas, me convertiré en monje¨. Lutero cumplió su promesa, pero no se imaginaba que sería el hombre que cambiaría el rumbo de la Iglesia, trayendo al mundo el ambiente necesario de la reforma.
Estas dos historias tienen algo en común; Rayos amenazadores, pero la gran diferencia es la reacción ante ellos. Es esencial cómo reaccionamos ante la vida. Lo que ahora nos acontece puede ser la mano de Dios encaminándonos a un gran propósito.

Su vida, no es extraordinaria por las cosas que le suceden, es extraordinaria por la forma en que reaccionas ante ella.

No es la vida nuestro enemigo, somos nosotros mismos, al final son los grandes desafíos de la vida los que revelan lo mejor de nosotros.

El Apóstol Pablo escribió en una cárcel romana: Las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio. Filipenses 1:12

¿Ha pensado que muchas de las cosas que nos suceden Dios las usa para bendecir este mundo? Aunque ahora no lo entendamos. Pablo se dio cuenta de esta gran verdad.

¿Te has dado cuenta tú?

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