El Coronavirus de Hoy y La Peste Bubónica de 1527

La peste bubónica golpeó a Wittenberg, Alemania, en agosto de 1527.
Esta enfermedad fue especialmente horrible: en solo un día, una
persona infectada podía mostrar signos de delirio, fiebre, trastornos
del habla y pérdida del conocimiento. Poco después, estallarían en
grandes forúnculos que infectaban el torrente sanguíneo y conducían
rápidamente a su muerte.

Martin Lutero y su esposa Katharina, que estaba embarazada en ese
momento, fueron exhortados a huir de la ciudad. Sin embargo,
decidieron quedarse para ministrar a los enfermos y moribundos.

Cuando los cristianos de otra ciudad le pidieron consejo, Lutero
escribió un panfleto que es tan notable hoy como cuando lo produjo.
Titulado “Si uno puede huir de una plaga mortal”, combina realismo y
fe de una manera poderosamente relevante para nuestra crisis.

Lutero aconsejó a sus lectores que utilizaran la medicina y la
inteligencia “para proteger y cuidar el cuerpo para que podamos vivir
con buena salud”. Como resultado, declaró: “Voy a fumigar, ayudar a
purificar el aire, administrar medicamentos y tomarlos”. También
practicó lo que llamamos distanciamiento social: “Evitaré lugares y
personas donde mi presencia no sea necesaria para no contaminarme y de
esta manera no infectar y contaminar a otros, y así causar la muerte
de otros como resultado de mi negligencia”.

Con esta advertencia: “Si mi vecino me necesita, sin embargo, no
evitaré el lugar o la persona, sino que iré libremente”. Él entendió
la urgencia de compartir el evangelio para llevar a los enfermos a la
fe salvadora antes de morir y para ministrar a los creyentes en sus
últimos días.

“TODOS LOS QUE VIVEN Y CREEN EN MÍ NUNCA MORIRÁN”

Al final resultó que Martin y Katharina Lutero se salvaron de la
peste. Pero no sabían esto cuando decidieron quedarse para cuidar a
los enfermos de su comunidad.

Pudieron arriesgar sus vidas para servir a otros porque no tenían
miedo de morir. Su esperanza estaba en los procedimientos y
tratamientos médicos adecuados, pero mucho más, estaba en Cristo.
Confiaban en su Señor para protegerlos en la vida y llevarlos al cielo
en la muerte, siempre que llegara.

Mi punto no es que debamos rechazar los llamados urgentes al
distanciamiento social que son absolutamente cruciales para frenar la
propagación de la pandemia. Por el contrario, como señala un médico de
atención primaria, debemos adoptar tales medidas críticas de
inmediato.

Mi punto es que elegir esperar en Dios como lo hizo Lutero
nos sostiene como nada más puede hacerlo. Nos recuerda que lo peor que
nos puede pasar nos lleva a lo mejor que nos puede pasar. En el
momento en que cerramos los ojos en este planeta enfermo y caído, los
abrimos en el paraíso perfecto de Dios. Cuando respiramos por última
vez aquí, respiramos por primera vez allí.

Como dijo Jesús: “Todo el que vive y cree en mí nunca morirá” (Juan 11:26).

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